Los atributos del presidente / En opinión de Rubén Aguilar

Todas las encuestas coinciden en que el presidente López Obrador tiene una buena valoración, que se mantiene entre 60 y 70%, pero que las acciones de su gobierno están cada vez más mal valoradas.

Estas mismas encuestas dan cuenta de que la mayoría de la población no está de acuerdo con la gestión presidencial en temas como la seguridad y la economía, que son los más relevantes para la ciudadanía.

Así, en la encuesta que El Financiero (07.10.19) levantó en septiembre, en la que el presidente tiene una aceptación de 68%, 45% tiene una opinión desfavorable del trabajo en seguridad y sólo 34% favorable. Y en el campo de la economía 39% tiene una opinión desfavorable y sólo 35% favorable.

En los temas prioritarios del presidente los números están todavía más bajos: 46% tiene una opinión desfavorable sobre lo que hace en el combate a la corrupción y sólo 31% favorable, y en la lucha contra la pobreza 43% tiene una opinión desfavorable y sólo 33% favorable.

¿Cómo entender la evidente contradicción entre una gestión presidencial mal evaluada y un presidente en lo personal bien calificado? Algunos encuestadores, comparto su visión, plantean que la explicación está en que la ciudadanía valora bien los atributos personales de López Obrador.

En la percepción ciudadana, los temas mejor evaluados hacen referencia a los atributos personales del presidente. Se piensa que es honrado (63%) y tiene liderazgo (60 por ciento). Se menciona también que es cercano a la gente y que cumple sus promesas.

Sólo 48% piensa que el presidente tiene capacidad de ofrecer buenos resultados, y 24% que es mala. Y ante esto dedica una buena parte del tiempo de sus comparecencias mañaneras a reforzar sus atributos personales.

Habla de que es austero (no tiene avión presidencial, no vive en Los Pinos, ya no hay Estado Mayor Presidencial...); que es honrado (no tiene propiedades...) y se diferencia de todos los políticos de antes, que —según él— sí eran corruptos.

Y con frecuencia afirma que para él lo más importante es el pueblo bueno, al que defiende y ayuda, y que a diferencia de los presidentes que lo antecedieron sí cumple las promesas.

Hasta ahora el ejercicio cotidiano de autoelogio le ha dado buenos resultados y los atributos personales suplen la incapacidad de ofrecer resultados en los temas que importan a la ciudadanía.

El ciudadano común todavía no hace una relación directa entre el presidente y la falta de resultados de su gobierno. Es muy probable que en los próximos meses se radicalice la crítica a la gestión presidencial, pero sin que se afecte su imagen.

Y es muy posible que pase por lo menos un año más, de no mejorar la gestión del presidente en los temas relevantes, para que la ciudadanía sí empiece a relacionar los malos resultados con la imagen del presidente. Ya se verá.

 

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